Provincia Medina de Rioseco

Cuando Rioseco tenía más vecinos que Madrid

M. G. M. - lunes, 01 de septiembre de 2008

Cerca de 20.000 personas visitan el Mercado Medieval riosecano que se ha caracterizado por su cuidada animación de calle

Corrían los años del 1500 cuando Medina de Rioseco bajo el señorío de los Enríquez, Almirantes de Castilla, se había convertido en una próspera villa a causa de la celebración de dos de las más importantes ferias del reino de Castilla. En aquellos días de abril y agosto, en los que la localidad contaba con 11.310 habitantes cuando Madrid sólo tenía 4.060, sus calles se llenaban de mercaderes, cambistas y banqueros, como los Espinosa o el propio Álvaro de Benavente, en unas ferias en las que lo mercantil se unía a lo financiero, y en las que junto a la compraventa de encajes, textiles, tapices, brocados, platería, joyería, muebles, aceites, pescados o ganado se llevaba a cabo el mercado del dinero, la banca y los tratos. Un concurso inmenso de gentes de todos los países, donde se hablaban multitud de idiomas y donde se libraban pagos de la monarquía.

Más de 500 años después, la calle Mayor riosecana con sus centenarios soportales y engalanada con llamativos pendones y guirnaldas ha recordado durante este fin de semana el esplendor de aquellos años con la celebración de su Mercado Medieval. Músicas medievales y pasacalles, reinas y caballeros, pícaros y bufones, aquelarres y aves de cetrería, acrobacias y malabares con fuego, han hecho las delicias de las cerca de 20.000 personas que se han acercado hasta un Mercado Medieval, que después de 12 años se ha convertido en uno de los más importantes de la región.

El alcalde de la localidad, Artemio Domínguez, explicó que el elemento diferenciador del mercado en cuanto a todos los demás es la calle Mayor donde se celebra por ser un lugar «único» en el que ya se llevaron a cabo las ferias en el siglo XVI.

Por su parte, la concejala de Cultura, Paqui Aranda, destacó la gran variedad del centenar de puestos del mercado, así como su cuidada animación de calle. Algo con lo que estaba de acuerdo la coordinadora del mercado, Marta García, quien también quiso acentuar la importancia de los talleres demostrativos de oficios olvidados. Talleres como el de imaginería, en el que el escultor Ángel Martín recordó la labor de los grandes entalladores que tuvo Rioseco, el de fundido en bronce del artesano Perero o de grabado en papel de Luis Javier Esteban Redondo.

En lo referente a la animación, ayer domingo por la mañana destacó el pasacalles de la familia Fantasía, en el que duendes, elfos y hadas hicieron las delicias de grandes y pequeños; en especial cuando lanzaban al aire grandes burbujas de jabón. Además, en el atrio de Santa Cruz dos caballeros volvieron a batir sus espadas en duelo.

Por la tarde, bufones, malabares y juglares recorrieron una y otra vez los puestos y la Plaza Mayor se llenó de personas para disfrutar con los vuelos de aves de cetrería como el águila, el cernícalo, el búho o el buitre. Mientras que en el el atrio de Santa Cruz los más pequeños rieron con las peripecias de los títereres.

Como en aquellos mercados medievales, algunos puestos han destacado por lo maravilloso de sus productos como es el caso de los cuencos en cera que al encenderlos como velas desprendían aromas de fresa, vainilla, coco o melón. La artesana de la cera de Santiago de Compostela Mónica Stocco en su primera visita al mercado de Rioseco lo calificó como de «muy bien organizado». Algo en lo que también estaba de acuerdo Juan Manuel López en su puesto de plantas medicinales con remedios para la celulitis, los catarros, la impotencia o la mala circulación. López indicó que «este año, aunque no se ha dado mal, se ha notado la crisis». Otro de los puestos que llamó la atención fue el que vendía atractivos grabados con una histórica imagen del Rioseco de 1574 cuando sus calles acogían las ferias y mercados.